sábado, 24 de junio de 2017

Ejercicios para ayudar a los niños a manejar la frustración y conductas agresivas (Parte tres)

A continuación se presentan algunos ejercicios que nos pueden servir para ayudar a los peques a que manejen la frustración de mejor manera y así vayan disminuyendo las conductas agresivas y mejore la resolución de conflictos:


1. Canciones:

Este ejercicio está indicado sobretodo para edades entre 2-4 años. Es difícil enseñar las consecuencias que tiene lo que hacen. Aunque siempre es bueno cuando se produce el daño tener un tono serio y retirarle la mano o los dientes si nos intenta hacer daño, será igualmente importante explicarle más tarde que esas conductas nos disgustan. Así que de igual modo que le cantas canciones infantiles, ¿por qué no cantarle para que sirve cada parte del cuerpo? Por un lado, conseguiremos que se relaje utilizando esa canción y por otro, al repetirle siempre lo mismo comprenderá que no es para eso. Por ejemplo, los brazos sirven para abrazar, las manos para acariciar, los dientes para comer… Y así según las conductas que haga.

2. Palo de hablar: 

Conseguir que tenga una conducta más dialogante ante un conflicto cuando son más mayores (a partir de los 5- 6 años) puede resultar muy difícil, por eso, nos podemos servir de un palo de lluvia o incluso un reloj de arena para fomentar que respete el turno, practique el tono para dirigirse a los demás y se acostumbre a escuchar al resto de personas con las que tuvo lugar el conflicto. Por un lado, conseguiremos que tenga tiempo para hablar y por otro, que ceda el turno de palabra la otra persona para que se exprese.

3. Técnica del semáforo: 

Frecuentemente la conducta del niño no parte ya de la violencia física. Es importante identificar cuales son los motivos y el grado en el que las cosas le influyen. El semáforo es una técnica estupenda para lograr hacer tangible los sentimientos de tu hijo y que él mismo sea consciente de cómo la conducta agresiva está subiendo de nivel. Una vez identificado esto, podremos enseñarle que hacer en cada caso para lograr calmarse y así prevenir que no llegue a tener conductas demasiado agresivas. Por ejemplo, el rojo será pararse o alejarse de la situación, el amarillo pensar en soluciones y el verde dialogar y expresar nuestros sentimientos.

4. Yoga o meditación: 



Cada vez más la práctica del yoga se está extendiendo para los niños y ya no queda reservado solo a adultos. La meditación en niños está demostrado terapéuticamente que puede ayudarles en muchos aspectos esenciales: le permitirá tener un mayor autocontrol corporal, mejorar su respiración y encontrar la calma en esos momentos que parece que le cuesta más. Cuanto antes empiecen con esta práctica, más posibilidades tendrá de reducir ese tipo de conductas.

Referencia:

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/conducta/4-ejercicios-para-controlar-la-agresividad-infantil/

Estrategias para trabajar con niños y niñas con conductas agresivas (Parte dos)

A continuación se presentarán algunas estrategias sacadas de vamoscreciendo.com, que pueden ayudarnos a trabajar con peques que por distintos motivos pueden llegar a presentar conductas agresivas dentro del aula escolar. Recordemos que gran parte del tiempo los niños y niñas imitan lo que ven en su entorno y que además están en una edad en que están aprendiendo cómo  manejar sus emociones e interacuar y relacionarse con otros.

  • Separar al agresor de sus víctimas.



Generalmente los alumnos agresivos suelen ser dominantes y tener un papel muy activo en el aula. Además, suelen tener víctimas fijas a las que agreden habitualmente. Debemos procurar no sentar a agresor y víctima juntos, evitar que salgan de clase al mismo tiempo, que coincidan en actividades, etc.
  • Establecer normas desde el principio.



Si los alumnos saben desde el principio del año las consecuencias de sus acciones, será mucho más fácil controlar el aula.
Explica a los alumnos las consecuencias de determinadas acciones negativas y las consecuencias de determinadas acciones positivas. Si no hemos explicado a nuestros alumnos que si pegan a un compañero, se quedarán sin patio, esto puede provocar que en el momento del castigo el alumno se enfade más ante la impotencia e “injusticia” del castigo, y esto no hará otra cosa que incrementar su agresividad. Pero si por el contrario esto estaba determinado desde un principio, tan solo tendremos que decir: “Ya sabéis lo que significa pegar a un amigo…”.
Los procedimientos y las normas de clase son fundamentales para controlar el aula. Además, como profes, es esencial que siempre los cumplamos, para que nuestros alumnos vean que no son solo palabras.
  • Utilizar señales no verbales.
Según diferentes estudios, los alumnos agresivos responden mejor a las señales no verbales que a las verbales. Son muchos los profesores que utilizan señales para marcar el silencio, marcar que los alumnos paren de hacer una determinada actividad, etc.
  • Evitar la competitividad.
La competitividad en el aula puede aumentar las conductas agresivas. Mientras que la colaboración y el trabajo en equipo ayuda a evitarlas.
  • Nunca dejar solos a los alumnos.


Aunque parezca una obviedad, conviene recordarlo… Nunca se puede dejar a los alumnos solos, y menos si estamos ante alumnos agresivos o conflictivos.
  • Intervenir pronto.
Como ya hemos dicho anteriormente, identificar e intervenir la conducta lo antes posible es fundamental.
Si no intervenimos, la conducta cada vez irá de mal en peor y llegará un momento en el que será incontrolable.
  • Estar preparados para comportamientos agresivos.
Hay muchas señales que nos pueden indicar que un comportamiento agresivo está a punto de producirse. Cada persona es un mundo, pero los niños suelen ponerse rojos, comenzar a emitir sonidos, su respiración se vuelve más rápida, etc. Si no hemos sido capaces de prevenir esa situación, debemos estar preparados para afrontarla con la mayor tranquilidad posible.
  • Utilizar juegos.


A través de los juegos podemos conseguir alcanzar las conductas deseadas.
Podemos realizar desde ejercicios de relajación, que ayudarán a los niños a calmarse y a afrontar con mayor tranquilidad situaciones de tensión. Hasta juegos de inducción a la tranquilidad, como la técnica de la tortuga, que básicamente consiste en que los alumnos imaginan que son tortugas que se esconden en su caparazón, doblando y juntando los brazos a sus cuerpos inclinado la cabeza y cerrando los ojos. De esta manera, relajan sus músculos para hacer frente a las tensiones emocionales.

Claves para afrontar el comportamiento agresivo de niños pequeños (Parte uno)



Es importante tener presente que NO SE DEBE ETIQUETAR a las personas, especialmente a los niños y niñas, ya que se encuentran en una etapa crítica de sus desarrollo en que las acciones y palabras de quienes los rodean influirán ya sea de manera positiva o negativa en su proceso evolutivo. Por lo tanto, cuando tenemos un pequeño que tiene dificultades para manejar la frustración o expresar de manera adecuada sus sentimientos, nunca debemos decirle que es malo, malcriado, agresivo; hay que castigar la acción, no a la persona, por lo cual es preferible decir: "lo que hiciste no estuvo bien por tales motivos..., por lo cual existará una consecuencia", a decir: "Eres un niño malo/malcriado etc." Además, es importante anticipar al pequeño las consecuencias que una conducta agresiva puede tener para él o ella como resultado.

Antes de abordar estrategias, se expondrán 3 claves para afrontar este tipo de comportamiento que proponen en la página vamoscreciendo.com

1. Evitar el castigo físico




Este punto especialmente importante, especialmente en el ambiente familiar porque el castigo físico en el aula es intolerable. Como el dicho lo dice: "la violencia genera más violencia". No se puede detener una conducta agresiva con agresividad. Esto genera ansiedad, miedo en los pequeños quienes tienden a imitar esta conducta en situaciones de estrés y frustración.



2.Identificar el tipo de conducta

La agresividad se puede manifestar de muchas maneras. Desde simples pataleos o gritos, a agresiones físicas a los padres, compañeros o profesor.
Por un lado, es importante que identifiquemos con la mayor precisión posible el tipo de conducta. Pero además, es fundamental que la comunicación entre los padres y profes sea fluida y sincera, poniendo en común las experiencias en casa y en el cole.
Una de las formas de identificar el tipo de conducta, cuándo se produce y por qué, es ir apuntando los episodios de agresividad que tiene el niño, qué los desencadena, etc. Recuerdo que en el último cole en el que trabajé tenía una compañera que puso esta estrategia en marcha y le sirvió para determinar el origen de la conducta agresividad, de manera que cada vez que veía que se podía desencadenar un momento de estos procuraba evitarlo.
3. Objetivos para modificar la conducta


Una vez hemos identificado los motivos que causan la conducta, cómo se desarrolla, etc. Debemos plantear los objetivos que queremos alcanzar para modificarla o debilitarla.
Si por ejemplo hemos comprobado que el niño suele ser agresivo en el patio del colegio, y que generalmente lo es para conseguir algo por parte de sus compañeros, tendremos que poner un profesor que esté pendiente específicamente del juego en el que está participando este niño para regularlo. De esta forma, si se produce un momento que pueda desencadenar una conducta agresiva, el profesor enseñará al niño a gestionar esta situación a través del diálogo, el razonamiento, estableciendo normas, etc.
Por otro lado, tanto padres como profes debemos:


Es fundamental que los objetivos que vamos a trabajar en casa sean los mismos que en el cole. Como ya hemos comentado anteriormente, que haya una comunicación efectiva entre los diferentes adultos que forman parte de la vida del niño es necesario para cumplir los objetivos planteados.
Información obtenida de:

vamoscreciendo.com/2015/05/10/estrategias-para-trabajar-con-alumnos-agresivos/